
Con 600 euros compró una sierra mecánica para cortar árboles (abundante materia prima enla zona) para empezar el proyecto del taller de carpintería que daría trabajo al menos a 5 personas. Pagó el agua necesaria para la construcción de la biblioteca y muchos útiles para la vida diaria de varios habitantes (utensilios de cocina, muebles, etc.).
Distribuyó más de 100 cepillos de dientes con su pasta que había traído de Italia, e invirtió unos 1,100 euros en terminar de construir las dos clases de Timbwani, que se empezaron con los 2,400 euros donados por Peter Bragg (Treviglas School). Pagó las cuotas universitarias, alquiler de habitación y transporte de un estudiante de Likoni, Boniface Malenje, y compró tres bicicletas para los niños de Tsunza. Aparte de todo esto, también estuvo varnizando camas, pintando la biblioteca, construyendo estanterías, limpiando la zona de la comunidad, dando clases y charlas educativas, animó a cavar un hoyo para quemar la basura lejos de la zona habitada y, sobretodo, dió muchísimo amor, cariño y ternura a todos los niños. Sin ella, y sin su sensibilidad, el voluntariado de este verano no habría sido el mismo.

